Homeopatía

Las bases de la homeopatía se remontan a la antigüedad. Hipócrates médico griego (460 – 370 a.C) defendió dos métodos terapéuticos: Cura por lo contrario “frustra contrariis curentur” (medicina Alopática habitual) y cura por lo semejante “Similia Similibus curentur”. Paracelso en el siglo XVI retomó la cura por lo semejante. En el siglo XIX Samuel Hahnemann, médico, con estudios en farmacia fundó la homeopatía. Los medicamentos usados se rigen por la ley de la Similitud: Una sustancia puede curar cuando es capaz de llegar a producir los mismos síntomas que tiene el paciente. La homeopatía se propone curar mostrando al ser un espejo de sus síntomas, de esa manera el cuerpo, la mente y la energía vital reaccionan procurando volver al equilibrio para solucionar la enfermedad o mejorar el estado de salud. Utiliza sustancias de los reinos de la naturaleza; vegetal, animal, mineral y otros. (ejemplos correspondientes: Árnica montana,  Apis melífica, Sulphur). Tiene la gran ventaja de usar sustancias en dosis muy pequeñas (ultra- diluciones, infinitesimales) esto evita la posibilidad de toxicidad de algunos medicamentos. Es tan segura que puede ser usada en todas las edades incluso en embarazadas. Sin embargo requiere una correcta prescripción y control por su homeópata. Hay varias formas de practicar la homeopatía: La unicista o clásica: procura usar una sola sustancia. Esta puede cambiar en el tiempo o si el paciente presentase síntomas agudos diferentes a los habituales. La pluralista: utiliza varios medicamentos homeopáticos al mismo tiempo. Incluso hay presentaciones farmacéuticas que ya llevan varias sustancias combinadas. He mencionado estas dos, pero hay más corrientes o formas de trabajar la homeopatía. Los medicamentos homeopáticos se expenden en farmacias, pueden tener forma de gránulos, glóbulos, comprimidos, gotas, pomadas, supositorios, ampollas etc.